Hotel 1989 | La mujer que fumaba en el balcón

Querido pirata, hoy he perdido mi tren a Madrid. En realidad no lo he perdido, lo he anulado, pero empezar así le añade drama a la historia, y a mi el drama… me encanta.

El temporal, las nevadas, el montón de incidencias, un espectáculo que va a durar lo que dure, y aunque ni a mi ni a ti nos haga perder las ganas de encontrarnos, hoy es un día para no viajar en Ave.

Llevo desde las nueve de la mañana pegada al móvil y al pc, aprovechando este día que nos ha dejado un espacio temporal abierto, para organizar nuestros próximos viajes y escribir por aquí. Sí, qué ganas tengo de contar esta historia.

Hace 8 años de esta, fue en Diciembre de 2017. Nunca encontré el tiempo para escribirlo, hasta hoy. Espero poder recordar cada detalle.

Hotel 1989

Quedamos en medio de la Plaza Cataluña para recrear un momento romántico, pero ese día llovía a cántaros. Era la segunda vez que quedábamos y todavía hablábamos por correo. Te escribí para avisarte de que estaría en el café Zúrich. Llevaba mis zapatos de tacón en el bolso y me metí en los baños para ponérmelos. Iba con medias, qué recuerdos… Antes siempre iba con medias. Pasaron los minutos y me di cuenta de que no habías visto mi correo. Estabas en Plaza Cataluña, buscándome. Recibí un correo: – Where are you? Salí a buscarte y, después de unos minutos de un mínimo de desesperación, por fin nos encontramos.

Recuerdo cómo llegaste, corriendo, con el paraguas levantado y esa sonrisa. Y esa guapura «gentlemantesa», pero qué charming!

Nos metimos en un local de música en directo a tomar una copa y a ponernos al día. Tú querías bailar salsa, yo te dije que conocía un sitio, así que salimos a la aventura a ver si lo encontrábamos. Cuando llegamos, estaba cerrado, pero abierto a la vez. Nos miramos con cara de pillos y asentimos… Nos metimos dentro a hurtadillas, como dos gamberros colándose en un sitio prohibido, no había nadie, y la zona de baile estaba cerrada. De repente vi una puerta que llevaba a otra sala, y mientras tú volvias a salir te pillé por el brazo y posé mi dedo en tus labios… – shht… there is something here… Abrimos la puertecilla y vimos que daba a un palco de un pequeño teatro donde había un espectáculo de flamenco! Te dije – Let’s go, they can catch us… Me cerraste la boca con un beso y me empujaste para dentro. Nos colamos en el palco! Ay la madre cuando lo recuerdo no puedo evitar sonreír. A los pocos minutos entró un guardia de seguridad y nos quiso echar, pero tú te levantaste y amablemente le pusiste un billetito en la mano, el guardia se fue y nos dejó tranquilos. Ay es que me encantó tanto jaja. Lo que disfrutamos, y lo que nos reímos ese día.

Me regalaste tu camisa, y me la puse para cenar.

De camino al hotel, me contaste tu fantasía, y corrí delante tuyo para llegar antes a la habitación.

Era de noche, paseabas por las Ramblas en silencio. De repente sentiste curiosidad, dejaste de caminar y te quedaste pensativo bajo una farola. Una mirada curiosa hacia los balcones del Hotel. La luz de uno de ellos se encendió, y ahí estaba. Una chica joven de piel blanca y cabellos rojizos salía a fumar un cigarro en albornoz. Mientras lo encendía, la manga de su atuendo se deslizó por el brazo y dejó el escote al descubierto. Ella ni se inmutó, siguió fumando con el hombro al aire. Te quedaste mirándola durante un minuto, como mucho dos… Y subiste corriendo a la habitación 🙂

Esta historia, como muchas más, es un recuerdo que nunca olvidaré. (Por cierto, ya hace años que dejé de fumar)

Gracias a vosotros, mis clientes y clientas, mi vida tiene historias de película.

Os quiero mucho!

Un besazo!

Lana

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